Antonia, vive con sus padres y 3 hermanos.
Su madre, Úrsula, trabaja como docente dando clases mañanas y tardes completas, formulando y armando proyectos de educación; que hacen que cuando es la hora de regresar a casa, ya no queda más energía que para dormir o quedarse en estado zombie frente a la caja boba.
Los hermanos son variados. Juan de 16 años es un total y absolutamente adicto al fútbol, no hay otra cosa para él. Hincha de Newells, seguidor de local y visitante (cuando Augusto lo deja viajar o gracias a complots de ayuda entre los hermanos, cuando Juan se raja a la cancha). Malas notas en la escuela, desprolijo, gran estratega.
Vicente es el mayor de los Hnos Mosconi. Estudiante de arquitectura, trabaja haciendo caricaturas en casamientos, fiestas y donde se lo llame. Vive en su nube y en su computadora. Pocas palabras salen de su boca. Poco tiene para contar. Se quiere ir a vivir a México, aunque a veces también piensa en París.
Augusto, el padre, es un hombre grande (como dicen por ahí). Este año ha decidido jubilarse. Profesión de alto riesgo, por eso le permitieron la jubilación no muy tarde. Hijo único, bastante autoritario pero a su vez flexible. Signado por ataques de ira. Ermitaño.
Antonia recién cumplidos los 21. Soñadora, bohemia, reservada. Sabe que las cosas no pueden seguir así. No quiere seguir más la marcha de Augusto. No desea más estar allí. Algo definitivamente tiene que cambiar.
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21.11.08
2.9.08
¡explota, explotación,pum!
Y de una vez por todas, Antonia Mosconi se pegó contra la pared de las responsabilidades adultas.
Se creyó el cuento de las andanzas fáciles por la vida y empezó a soñar todo lo que iba a poder lograr con los ahorros que consiguiera hacer con parte de su graaann sueldo.
Todos los días se levantaba como podía, entre la historia del sueño que la capturaba y le pedía que se quedé para que terminará la aventura y la musiquita molesta del celular despertador que no la dejaba conciliar.
Muy feliz con melodías en sus oídos caminaba sus varias cuadras hasta llegar a las oficinas oscuras iluminadas por fluorescentes, pero con mates y gente simpática con quien charlar en los descansos.
Pero los meses fueron pasando y la monotonía amaneciendo; las imprudencias, las mentiras y los chantajes políticos empezaron a comentarse entre susurros.
Poco a poco Antonia Mosconi fue abriendo los ojos y dándole cada vez más significado a lema de su canción preferida que quizás antes no comprendía del todo: "living is easy with eyes closed" se repetía cada día. Inspirada en la serie televisiva que le carcomía la cabeza se decía: ¡esto es lo que la isla demande, pondré todo mi empeño hasta explotar! como charly...
Los meses se sumaban y el dinero era fantasía; los ahorros de Mosconi se esfumaban y la sonrisa del primer día laboral se desfiguraba.
Continuará...
Moraleja: págele a sus empleados, NO a la explotación!
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